La adolescencia es una época turbulenta en la cual el niño, sin ser consciente, tiene que enfrentarse a situaciones de adulto para las cuales no tiene recursos psíquicos. Ha de atravesar varios duelos, separarse de su cuerpo de niño, separarse de la imagen que tiene de sus padres de la infancia y separarse de su identidad infantil, para construir una nueva identidad de la que no tiene idea, es un no saber cómo comportarse como adulto, cuestiones todas ellas confusas.

Los malos resultados académicos pueden ser tan solo un síntoma de que existen otros problemas emocionales o relacionales bajo ellos. Aunque deba haber una preocupación sobre el rendimiento escolar, lo más importante es entender qué es lo que está sucediendo emocionalmente, qué conflictos pueden estar promoviendo ese fracaso escolar.

Es preciso aislar cada síntoma para entender a qué corresponden, y poder tratar las dificultades para que después puedan rendir académicamente como resultado del buen equilibrio psíquico.

El adolescente normal es actuador, actúa impulsivamente antes de pensar. Esto es natural, pero hay que acompañarle para que pueda convertir sus emociones en palabras y poder reflexionar, en lugar de convertir la emoción en acto impulsivo.

 

 

Anuncios