Uno suele adaptarse a sí mismo, tendiendo a distanciar de la conciencia aquellos aspectos que son conflictivos y que producen sufrimiento, siendo habitual el desplazarlos para no ser pensados. Estas dificultades propias de cada uno pueden ser tratadas para aliviar el sufrimiento. Entendemos que enfrentarse a una terapia es un paso difícil y ofrecemos todas las resistencias posibles.

En muchas ocasiones los sufrimientos son normalizados y soportados, cuando realmente el pensarlos es el camino para su disolución.

Los conflictos adoptan diferentes formas externas o clínicas, es decir observables. Se muestran en forma de síntomas o trastornos y que pueden ser trabajados, como por ejemplo:

  • Trastornos de ansiedad
  • Trastornos por depresión
  • Pensamientos obsesivos, recurrentes
  • Miedos, fobias
  • Dificultades laborales
  • Problemas de pareja o dificultad para la separación
  • Generar violencia de género o no poder impedir el recibirla
  • Intento de ocultar el conflicto mediante el alcohol o las drogas
  • Etc

Cuanto un síntoma es recurrente indica que algo no está funcionando bien, mecanismos psíquicos enganchados que no se están resolviendo por sí solos, se convierten en una repetición constante, repetición que necesita “un otro ahí fuera” que le oriente sobre dónde mirar en el sí mismo, le ofrezca elementos nuevos para pensar y poder así desenganchar “eso” que se repite y que se ha vuelto patológico.

 

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